En el año 1974 yo tenía 15 años y un novio peronista. Aunque no hablábamos mucho de política, estaba sobreentendido que casi todos los jóvenes creíamos en la justicia social, la revolución y la construcción de un mundo mejor. Eso creía yo que era el peronismo. Sólo tenía quince años y era romantica e idealista. Era invierno en Buenos Aires, cuando murió Perón.
Recuerdo que hacía frío y llovía, llovía sin parar.
Miguel había ido al velorio y pasó varios días a la intemperie en una interminable fila para pasar delante del cajón. Yo miraba la tele, donde transmitían día y noche la despedida de Perón, con esperanza de verlo. En esos tiempos no había celulares, ni eran fáciles las comunicaciones, así que mi deseo tenía que ver con la seguridad de saber que Miguel estaba bien.
Pero mi preocupación mayor era que con tanta lluvia, se mojaran sus botitas de gamuza y se enfermara por estar varios días con los pies mojados.
Al terminar los días de velorio, partía un cortejo creo que hasta el cementerio, y allí fue que papá comentó: “vamos a verlo, que pasará por avenida Libertador.”
En ese momento me emocioné porque me di cuenta que íbamos a presenciar un hecho histórico, y me gustó que papá a pesar de ser antiperonista, quisiera estar allí.
No recuerdo si fue de nuestro jardín donde corté unas flores y armé un mustio ramito. Salimos toda la familia en al auto y llegamos a un lugar por donde pasaría la comitiva, había mucha gente en los bordes de la avenida y papá se dirigió con determinación al palier de un edificio de varios pisos.
Allí encaró al portero que ya nos estaba deteniendo y no recuerdo bien que fue lo que le dijo, pero sí me asombró que mintiera con tanta convicción. (creo que dijo que era abogado y que vivíamos en ese edificio)El hecho es que al rato estábamos todos en la terraza del lugar, con una vista privilegiada por sobre la multitud que se agolpaba al paso del coche fúnebre.
Yo lloraba conmovida por la emoción general y en un gesto copiado seguramente de alguna película, arrojé el ramo, moqueando y sintiéndome parte de la historia.
Todo lo que vino después marcó profundamente a mi generación,
En muchos momentos, y a la vista de lo que ocurrió, nos consideramos sobrevivientes.
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